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((**Es3.247**) al error? Si yo presento a una mente tosca el defecto de un miembro de una congregación, >>no es verdad que nacen en ella dudas, que la inducen a sentir repugnancia por toda la comunidad? >>Y no es esto un error? Sólo aquel que tiene ante sus ojos toda la historia de dos mil años, puede ver que culpas de hombres, aún eminentísimos, no obscurecen la santidad de la Iglesia; antes al contrario son una prueba de su divinidad, porque, si se mantiene siempre indefectible, quiere decir que el brazo de Dios siempre la ha sostenido y la sostiene. Y esto es lo que entenderán los jóvenes cuando lleguen a completar sus estudios. Recuerda, además, que las impresiones funestas recibidas en tierna edad, por una conversación imprudente, traen muchas veces consecuencias lamentables para la fe y las buenas costumbres>>. Añadiremos finalmente que don Bosco no se fiaba de su propio juicio cuando escribía. Ya hemos dicho que había trabado amistad con Silvio Péllico y que admiraba aquella su humildad que no le permitía alardear de su propio talento, a pesar de que su nombre era celebrado por toda Europa. Iba muchas veces a visitarlo, lo mismo en Turín que en Moncalieri, y no era raro que Silvio Péllico le devolviera la visita y fuera a gozar con el espectáculo del Oratorio. Se intercambiaron varias cartas y finalmente don Bosco le pidió que le diera su opinión sobre el compendio de la Historia Eclesiástica que iba a publicar. Silvio Péllico examinó atentamente el manuscrito, hizo alguna correción y lo alabó. Nunca olvidó don Bosco un consejo suyo. Un día le preguntó Silvio Péllico si empleaba mucho el diccionario para escribir. Respondió don Bosco que le parecía conocer suficientemente la lengua italiana y que, en medio de tantas cosas como llevaba entre manos, no tenía tiempo para consultarlo. ((**It3.315**)) - No, querido don Bosco, continuó Silvio Péllico; no se fíe demasiado y tenga paciencia. Mire; yo no sé escribir una página sin consultar el diccionario; y si dejara de consultarlo, frecuentemente cometería faltas. Es muy necesario para conocer la fuerza y exactitud de las palabras y su ortografía. Nos parece que muchos términos los conocemos, y en realidad nos engañamos. Resulta fácil caer en galicismos, en locuciones latinas o dialectales. Siga mi consejo; tenga siempre a mano el diccionario. A medida que lo vaya empleando, verá que tengo razón al permitirme darle este consejo. Desde aquel día don Bosco, no sólo siguió el consejo, sino que hasta en sus continuos viajes, no dejaba de meter en la maleta un (**Es3.247**))
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