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((**Es19.326**) desconsolados y tristes Salesianos...? Llorad, pues, hijos míos, o mejor, lloremos todos los que tuvimos la fortuna de conocer a don Bosco, y de experimentar la bondad de su corazón, los beneficios de su caridad. íLloremos, pero como cristianos! Lloremos, como los que piadosamente piensan que don Bosco está en el cielo y que allí no olvidará a los que tanto ha amado en la tierra y que ha dejado sumidos en el más profundo dolor. íAh, don Bosco, acuérdate del pobre obispo de Río de Janeiro; el primer Obispo de América que tuvo la visita de tus hijos, de camino hacia el Río de la Plata; el primer Obispo del Brasil, que ha abierto en este Imperio una casa a tus queridos hijos! íEn la hora de mi muerte acuérdate de mí, y esto me basta! A vosotros, pues, queridísimos Salesianos, os envío mis felicitaciones y mi pesar, y os aseguro que participo de vuestro dolor, aflicción y tristeza. Que Dios os bendiga y os consuele. Río de Janeiro, 6 de febrero de 1888. Vuestro afectísimo amigo, >> PEDRO, Obispo de S. Sebastián en Río de Janeiro. ((**It19.397**)) 4 Carta del Obispo de Montevideo a don Miguel Rúa Revmo. Padre don Miguel Rúa: La infausta noticia de la pérdida del virtuoso y venerable sacerdote don Juan Bosco, Fundador y Rector Mayor de la benemérita Congregación Salesiana, que V. R. se ha dignado comunicarme oficialmente, ha ocasionado una profunda pena a mi alma. Agradecido por tantos títulos al insigne bienhechor de la sociedad cristiana, don Bosco, desde el primer instante en que el telégrafo comunicaba su tránsito a mejor vida, en mi condición de Prelado y en nombre de mi pueblo elevé humildes plegarias al Supremo Hacedor por el bien del alma del ilustre difunto y por su eterno descanso; y al mismo tiempo pedí y rogué a Dios por la conservación, propagación y prosperidad de las obras de celo y de caridad que él os dejaba. Don Juan Bosco no ha muerto; su memoria vive y vivirá perpetuamente, porque tienen que vivir las obras que él ha fundado para mayor gloria de Dios con la aprobación y la bendición del Supremo Jerarca, el Vicario de Jesucristo en la tierra. Don Juan Bosco vive y vivirá en la memoria y en el corazón de millares de muchachos pobres, que aprendieron de sus labios y de su palabra las santas enseñanzas de la fe. Don Juan Bosco vive y vivirá en las futuras generaciones, en las que millares y millares de jovencitos necesitados, en el alma y en el cuerpo, han de ser evangelizados por sus dignos hijos. Don Juan Bosco vive y vivirá en la diócesis de Montevideo por haber sido una de las primeras en recibir sus solícitos cuidados, al dignarse enviarnos a sus hijos, que se han distinguido y triunfan en las escuelas y en las parroquias confiadas a su celo. (**Es19.326**))
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