Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es19.273**) se informó del programa para el domingo siguiente. Todavía vibraba su espíritu con la emoción experimentada en Roma en la reciente Pascua. ((**It19.328**)) Durante cuatro días seguidos la multitud abarrotó la iglesia, invadió los patios y se apiñó en la plaza. Era un espectáculo edificante y conmovedor contemplar con qué piedad seguían aquellos millares de fieles, fuera del templo, a través de los altavoces, los cantos y sermones del interior. Había muchos que se santiguaban, se arrodillaban y respondían a las preces litúrgicas, cumplían, en fin, los actos acostumbrados de quien está ante el altar durante las funciones sagradas. No hablamos de la frecuencia de los Sacramentos. >>Se podía haber concebido una fiesta de S. Juan Bosco sin un infinito número de confesiones y comuniones? Del alba al ocaso estaban los confesonarios tomados por asalto; tres sacerdotes, juntos o por turno, distribuían durante horas y horas, sin descanso, la Sagrada Eucaristía. Cada uno de los días del triduo tuvo un destino especial. El primero estuvo dedicado a los Institutos y Asociaciones masculinas. Pontificó el cardenal Nasalli-Rocca, arzobispo de Bolonia, asistido por ocho Obispos. Ocupaban lugar de honor en el presbiterio los Príncipes de Orleáns. Por la tarde, después del canto de Vísperas, el eminentísimo cardenal Hlond predicó el panegírico. Tomando pie de las grandiosas manifestaciones de la ciudad eterna, trazó en rápida y eficaz síntesis la múltiple actividad de don Bosco en el mundo. El seis de abril estuvo dedicado especialmente al clero. Celebró la misa pontifical el cardenal Ascalesi, arzobispo de Nápoles. La ejecución musical fue confiada a la capilla del Seminario Arzobispal. Otros diez Obispos se unieron a los del día anterior. Por la tarde predicó el cardenal Schuster, arzobispo de Milán, el cual explicó al auditorio cómo la multiforme actividad de don Bosco guardaba relación con su santidad y le definió como un Santo que sobrepasaba toda grandeza. El sábado estaba destinado a los Institutos y Asociaciones femeninas. Naturalmente sobresalían allí las Hijas de María Auxiliadora. Cantó la misa el cardenal Maurin, arzobispo ((**It19.329**)) de Lyon, asistido por treinta Arzobispos y Obispos. La parte musical corrió a cargo de un numeroso coro de alumnas, bajo la mágica batuta del venerando salesiano don Juan Bautista Grosso que las había preparado: fue un éxito superior a todo elogio. Por la tarde habló del Santo el cardenal Nasalli-Rocca, con originalidad de detalles, profundidad de pensamiento y elocuencia de forma. Los tres días hubo que repetir la función de la tarde y celebrarla de nuevo a las ocho para los obreros, los cuales atestaron siempre la (**Es19.273**))
<Anterior: 19. 272><Siguiente: 19. 274>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com