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((**Es19.215**)((**It19.256**)) CAPITULO XIII LA CANONIZACION AL pie de una preciosa fotografía, regalada al Oratorio de Turín, durante las fiestas de la canonización, escribió el Padre Santo Pío XI de su puño y letra y aplicó a don Bosco las palabras de la Escritura: Dedit ei Dominus latitudinem cordis quasi arenam, quae est in litore maris. Quiso decir que el Señor dio a don Bosco un corazón grandísimo, un corazón que derramó su amor con tanta abundancia como la arena que hay en las playas del mar. Fue ciertamente este amor sin límites, inspirado y sostenido por una fe vivísima, lo que le proporcionó en la canonización un <> que <> 1. Procuraremos hacer una descripción que no resulte excesiva ni escuálida, sino que presente el histórico suceso en sus líneas principales. Peregrinaciones y representaciones Como en la otra ocasión, actuaron enseguida activas Comisiones en Roma y en Turín. Una novedad que gustó muchísimo a todo el mundo fue que el Rey y la Reina de Italia se dignaran aceptar la presidencia de todas las Comisiones. En esta ocasión fueron las peregrinaciones las que más trabajo dieron a los organizadores; se preveía que las habría ((**It19.257**)) de muchas partes, hasta de América. Asistirían a la ceremonia del primero de abril numerosos italianos y extranjeros llegados a Roma para el Año Santo, además de los acostumbrados turistas de distintos países; pero nosotros sólo hablaremos de las peregrinaciones salesianas. Pueden dividirse éstas en tres clases: peregrinaciones de colegios, peregrinaciones de Cooperadores y exalumnos, y peregrinaciones populares. 1 Las palabras entre comillas están tomadas del Osservatore Romano (2-3 abril 1934). (**Es19.215**))
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