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((**Es18.543**) internos? Pero la Congregación Salesiana, pese a haber sido tan probada en sus inicios, pese a su concepción tan nueva, a pesar de su complejidad de conjunto y procedencia de sus miembros y de la internacionalidad de sus fundaciones, no padeció jamás ninguna crisis de unión que amenazase de ningún modo romper su enlace. El espíritu de don Bosco ha sido y es un aglutinante tanto más milagroso, cuanto menos advertido, para tener estrechamente unidas las partes antiguas y acoplar fuertemente las nuevas. La Congregación no ha padecido la falta de hombres capaces, como inmediatamente se vio en el período, quizá el más delicado de su existencia, cuando, bajo el primer Sucesor de don Bosco, llegó el momento de tener que consolidar por todos los medios el edificio construido por el Fundador y llegar al coronamiento: para resolver la complicada organización didáctica en las escuelas científicas, literarias y profesionales, de los Socios y de sus alumnos; para la formación completa y la disciplina religiosa del personal; para la ampliación de las empresas misioneras; para el desarrollo de la buena prensa; porque ya contaba o aparecieron en el momento oportuno hombres dotados del talento necesario, de forma que ninguna de las instituciones de don Bosco tuvo que sufrir detrimento por insuficiencia de disposiciones directivas, sino que, para el despliegue de cada empresa, siempre se contó con la asistencia, digamos así, de mentes técnicas correspondientes para el despliegue de cada ramo de actividad. Finalmente el tiempo ha respondido a la confiada afirmación del clarividente obispo piamontés y todo ((**It18.631**)) el mundo puede palparlo por sí mismo sin necesidad de aducir pruebas. Recordaremos más bien el final del sueño que don Bosco tuvo el mes de noviembre de 1881, sobre el estado de la Pía Sociedad Salesiana. El ángel acompañante terminaba sus recomendaciones con una palabra que era un rayo de luz sobre el porvenir. Dijo el enviado del Cielo: Qui videbunt dicent: a Domino factum est istud et est mirabile in oculis nostris 1. Este himno, según el ángel, elevarán al Señor los que lo vean al final del siglo decimonono y el principio del vigésimo, precisamente durante el gobierno de don Miguel Rúa. Nosotros, que hemos presenciado aquel período y vivimos el que sigue su curso, tenemos una razón para aceptar y hacer nuestra la exclamación del mensajero celestial: íEsta ha sido la obra del Señor, una maravilla a nuestros ojos! 1 Sal. 118, 23. Traducción: Y dirán los que lo vean: Esta ha sido la obra de Yahvéh, una maravilla para nuestros ojos. (**Es18.543**))
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