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((**Es18.221**) efecto, ver a don Bosco sostenido y casi llevado en vilo por sus Salesianos, mientras se dirigía desde su establecimiento a la casa parroquial, respondiendo en todo momento a quien quería hablarle, ya fuera un niño o una persona mayor, un pobre o un señor, al menos con una mirada y una sonrisa. El buen sacerdote no se sostiene sobre sus piernas; y, por tanto, naturalmente parece algo cansado; pero en todo lo demás se mantiene joven: su semblante sonriente, su frente serena, sus ojos brillantes y vivaces, su mente clara, su memoria tenaz, y su conversación amena; es amabilísimo. Apenas si empiezan a platearse un poco sus cabellos>>. El reverendo párroco Ottino ofreció la comida en la casa parroquial, invitando a las autoridades municipales y a los párrocos de los pueblos vecinos. Don Bosco respondió a los brindis de los comensales, ((**It18.249**)) y declaró, entre otras cosas, que iba a fundar una casa en Foglizzo, animado por las más sinceras intenciones de hacer a los muchachos del lugar el mayor bien posible. Y dijo esto, respondiendo a las palabras de un sacerdote que había recordado cómo le había visto, muchos años antes, rodeado de unas docenas de muchachos y sin más ayudante que su propia madre, que hacía de cocinera, de camarera, de portera, un poco de todo, mientras ahora aquellos muchachos se habían convertido en legión y sus colaboradores se multiplicaban cada año más en el antiguo y en el nuevo continente. Por la tarde pasó don Bosco un par de horas con sus novicios. Bendijo primero su capilla; una capilla decente, pero pobre; baste decir que era la antigua cochera. Después impuso la sotana a un centenar de jóvenes, entre los que destacaba, con su habitual y humilde porte, el Siervo de Dios Andrés Beltrami. Al terminar la función, se produjo una escena curiosa. Todos los nuevos clérigos, al salir de la capilla, atravesaban el patio llevando cada uno su silla. Don Bosco quedó sorprendido y preguntó al Director, don Eugenio Bianchi, qué significaba aquello. Este le respondió que no había en la casa más que una silla para cada uno y, por eso, los clérigos tenían que llevarla consigo de un sitio para otro, a la capilla, al estudio, al comedor y al dormitorio. Y dijo el Santo sonriendo: -íAsí me gusta! Esta casa empieza bien. El Siervo de Dios, como ya hemos referido, había dicho un día: -Don Julio Barberis ha comprendido bien a don Bosco. Por este motivo, puso él mismo a don Julio Barberis al frente de los novicios en el Oratorio y en San Benigno, de modo que se convirtió en el Maestro ideal de los novicios salesianos. Y, por tanto, para que el nuevo noviciado continuase con una formación religiosa en (**Es18.221**))
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