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((**Es17.355**) Sobieski contra los Turcos. Hizo a la ida una breve parada en Turín, pero no encontró allí a don Bosco; ((**It17.410**)) visitó, sin embargo, detalladamente el Oratorio, acompañado por don Miguel Rúa, quien le aconsejó volviera en mayo para la fiesta de María Auxiliadora. Y así lo hizo. Pasó entonces en el Oratorio todo el día veinticuatro, asistió a las funciones religiosas y se sentó a la mesa con don Bosco. Todo lo que veía dentro del Oratorio le conmovía, de modo que determinó retrasar la salida para tener facilidad de hablar a su gusto con el Santo. Se hospedó en el Gran Hotel de Europa, desde donde iba todas las mañanas a hacer sus devociones en el santuario de María Auxiliadora; después se quedaba a tomar el café con don Bosco, a quien acompañaba a menudo de paseo en las horas de la tarde. Prolongó así su estancia hasta san Juan. Desde entonces, siempre consideró aquel mes como uno de los períodos más hermosos de su vida y una de las mayores gracias, que le había concedido el Señor. El pensamiento de la vocación embargaba continuamente su espíritu. Oponíasele un grave obstáculo en la familia. Era intención del padre establecer el mayorazgo, que correspondía a Augusto como a primogénito; por lo cual, quería que el hijo se ejercitase en el manejo de los negocios y se acostumbrase a alternar más asiduamente con la alta sociedad. Este pensaba en otra cosa completamente opuesta, pero no se atrevía todavía a hablar de ella. Mientras tanto, habiendo caído enferma su segunda madre en otoño, pidió oraciones a don Bosco para su curación, y don Bosco le contestó: Muy querido y benemérito Príncipe: Tan pronto como recibí su preciosa carta, inmediatamente organicé oraciones especiales, mañana y tarde, ante el altar de María Auxiliadora. Yo tendré cada mañana un memento especial en la santa misa. Confiemos en la divina bondad. Que la Santísima Virgen María le proteja, querido Príncipe, conceda la salud y la santidad a la augusta enferma, su madre, y obtenga a su piadoso padre todas las gracias necesarias para su eterna salvación. Me encomiendo a la caridad de sus oraciones y tengo el alto honor de poderme profesar, con la más profunda gratitud en Jesucristo Suyo, señor Príncipe, Turín, 5 de octubre de 1884 Atento y seguro servidor, JUAN BOSCO, Pbro. ((**It17.411**)) Recobró la Princesa la salud y él, por complacer al padre que quería distraerle de los graves pensamientos, en que le veía sumido, emprendió un viaje a Londres; pero, cuando volvió a París, su estado (**Es17.355**))
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