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((**Es16.385**) 14 Carta de don Nicolás Cibrario a don Bosco Bordighera Torrione, 25 de enero de 1883. Reverendísimo y amadísimo Padre: Me parece que S. E. el señor Obispo, antes de escribir a V. S. Rvma., debería habernos pedido informes a nosotros sobre el estado y la marcha de nuestras cosas y no aceptar enseguida, sin precaución alguna, lo que le fue referido. Le habríamos dicho lo mismo que ahora le decimos a usted, Rvdo. Padre. Por informes obtenidos, me consta que un muchacho va a la escuela de los Valdenses y pertenece a una familia afiliada a la secta hace años, por intereses materiales. Estoy en duda si va también otro más pequeño, hijo de familia más que protestante. Que yo sepa, no hay otros que vayan a aquellas escuelas. A la de las chicas van tres o cuatro, que también pertenecen a familias protestantes. Por lo demás, ningún muchacho ni muchacha pertenecientes a familia católica va a aquellas escuelas. A las nuestras, lo mismo a unas que a otras, acuden bastantes. Tenemos inscritos cuarenta y cuatro muchachos y sesenta muchachas. Nunca habíamos tenido tantas. Es fácil comprender que las escuelas valdenses sean superiores a las nuestras. Sus alumnos (unos quince) son internos; los nuestros, externos. Y ya se sabe qué se puede hacer con muchachos disipados todos el día y que, si hacen algo provechoso, sólo es bajo los ojos del maestro en la escuela... Volviendo a la carta de Monseñor, es necesario atribuir su contenido a alguna lengua viperina que, de algún tiempo acá, va hablando mal de nosotros. Es una consecuencia de la parada de Leticia en Niza. >>Qué remedio poner? Mundus totus in maligno positus est. Pero don Miguel Rúa nos da la satisfactoria noticia de que V. S. estará entre nosotros a mediados del próximo mes. Será una gran alegría para todos. Aprovecho la ocasión para responder al número cuatro del precioso aguinaldo que V. S. Rvma. tuvo la bondad de enviarme. La respuesta es la misma para todos. La salvación de nuestra alma está estrictamente ligada a la observancia de los votos que hemos hecho; de ella depende, por consiguiente, que estemos todos dispuestos y empeñados en observarlos hasta la muerte. Así lo esperamos, con la gracia del Señor. Esta es la ayuda, la colaboración que todos nosotros deseamos y queremos prestarle para que salve nuestras almas. ((**It16.464**)) Reverendísimo Padre, ruegue por todos nosotros, que de corazón le auguramos largos años de vida feliz y ruegue especialmente por mí para que pueda poner en práctica el aguinaldo. Bendíganos a todos. De V. S. Rvma. Afmo. y seguro servidor, NICOLAS CIBRARIO, Pbro. (**Es16.385**))
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