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((**Es16.284**) -Pues bien, salgamos esta tarde a las siete, concluyó. A las seis y media estaré listo. Y lo estuvo: el señor Du Bourg se presentó puntualmente en el Oratorio. Ya había enviado un telegrama a Frohsdorf con la alegre noticia: alegre, sin duda, para el Príncipe, que deseaba mucho una visita del <> 1. He aquí la escena tal como él la describe: <>. No había tiempo que perder. El conde Du Bourg, temiendo que se les hiciese tarde, metía prisa. Por fin, bajó don Bosco; pero íqué inesperado contratiempo! Apenas apareció en los patios, corrieron a su alrededor para besarle la mano sacerdotes, clérigos y muchachos, haciendo más lenta su marcha. Después, como siempre, había allí señores y señoras, que querían decirle y oír una palabra, y don Bosco se paraba con calma un instante aquí y allí. El pobre Du Bourg sufría una excitación de nervios como nunca; por fin, una vez cruzados los patios, arrastró a los dos compañeros de viaje, hasta su calesa, que, devorando el camino, ((**It16.337**)) llegó a la estación de Porta Nuova, cuando apenas faltaban siete minutos para la salida del tren. Se emplearon cuatro para sacar los billetes; esperaba que los tres restantes fueran suficiente para facturar el equipaje y subir al vagón; pero la taquilla del furgón de equipajes, se cerró en aquel instante. >>Qué hacer? Se despidió de la maleta, se lanzó a la sala de espera, agarró a los dos <>, los metió en un departamento de lujo, los siguió jadeante y arrancó el tren. Don Bosco no se alteró con todo aquello, antes al contrario sonreía. <>. Don Bosco se echó a reír, al verse en un departamento con tantos espejos y comodidades. -Señalaré, dijo, este viaje como una de las aventuras extraordinarias 1 DE MONTI, l. c., pág. 152. (**Es16.284**))
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