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((**Es16.113**) febrero y pensando mucho en él. íY de pronto Dios nos lo quita! Me parece haber perdido más que un padre y un amigo, porque sólo sus oraciones obtuvieron el don de vencer todas mis incertidumbres e infundirme el ánimo de llegar a ser como hoy me siento. Al leer el domingo la carta que, usted reverendísimo Padre, me escribió participándome la noticia, he formulado en mi corazón el compromiso de hacer todo lo posible por la obra de usted, que es la obra de él. Huelga decir que pido por él con todo el fervor de que soy capaz, y mis pequeñas hacen otro tanto (...). Su muerte me deja como huérfana, pero con V. P. digo: hágase la voluntad de Dios>>. El día nueve de febrero, escribía desde París la señorita A. Touzet, asociándose al común dolor: <>-íEl cielo está poblado de santos, decían en mi presencia al participarnos la triste noticia, y nosotros tenemos tanta necesidad de ellos en la tierra! >>Por qué Dios se nos ha llevado a éste tan pronto? >>-Pero nosotros no debemos pedir explicación al Cielo y decimos con usted, reverendo Padre: Dios en su infinita bondad, sólo hace lo que está conforme con su justicia y bondad. Para secundar la voluntad de nuestro llorado Padre, rezamos por él, pero sin resistirnos a otro sentimiento, que nos lleva a pedirle por nosotros>>. íQué arraigada estaba en los espíritus la persuasión de que don Bosco era un gran santo! Concluiremos estos testimonios con las afectuosas palabras de la señora Lepage, de soltera Delys-Rennes: <((**It16.127**)) una gracia y una felicidad de mi vida haber podido encontrar a don Don Bosco en París. El pensamiento de que rezó por mí y por los míos, y que seguirá dispensándome su protección, es para mí un dulcísimo consuelo. Me mantendré fiel a su recuerdo y adicta a sus obras, cuyo gobierno ha dejado a usted>>. Aun sin lo mucho que nos queda por decir, basta lo dicho hasta aquí para no encontrar exagerado un juicio expresado entonces por aquel gran amigo de don Bosco, el abate Guiol de Marsella. Mientras trabajaban afanosamente los sectarios para descristianizar a Francia, mirad cómo en la visita de un pobre sacerdote, sin ningún prestigio exterior, por añadidura extranjero y hablando con dificultad la lengua del país, aquel buen amigo descubría <(**Es16.113**))
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