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((**Es15.454**) y se la levantase hasta la frente y los hombros, tal como se hace la señal de la cruz. La cosa resultó perfecta y la señora volvió a gozar desde aquel momento de la libre articulación de sus brazos, que conservó de por vida. Don Bosco reanudó el viaje hacia La Spezia; dio allí dos conferencias en la nueva capilla atestada de público: una, el cuatro de abril por la tarde y la otra, a la mañana siguiente. El día seis, jueves santo, ((**It15.525**)) confesó a los de la casa, celebró la misa a puertas cerradas y dio la comunión a todos. Después del almuerzo, salió para Lucca, donde encontró a don Juan Marenco. íEl Oratorio de la Cruz había progresado mucho! Dos años antes, todos deseaban tener casa, talleres y escuelas, y ahora existía un hermoso colegio con más de cien internos entre estudiantes y aprendices. Pero era pequeño para responder a las numerosas peticiones y había que agrandarlo. Tan halagüeñas disposiciones le sugirieron la introducción de la conferencia, que pronunció el sábado santo, invocando la cooperación general para aquélla y para las demás obras salesianas y descendiendo a la práctica de este modo 1: Puede darse el caso de alguien que tenga mil liras de renta y que pueda vivir honradamente con ochocientas: pues bien, las doscientas restantes son las que entran en las palabras: Date eleemosynam. -Pero una necesidad imprevista, un cálculo fallido en la cosecha, un infortunio en el negocio... ->>Estaréis vivos para entonces? Y, por otra parte, Dios que os ayuda al presente, >>no os ayudará precisamente cuando hayáis dado algo por su amor? Yo digo que el que no da lo superfluo, roba al Señor y, con san Pablo, regnum Dei non pos sidebit (no alcanzará el reino de Dios). -Pero mi casa es pobre; necesito renovar el ajuar ya viejo y anticuado... -Si me lo permitís, entro con vosotros en vuestra casa. Veo allí muebles muy lujosos, aquí una mesa provista de ricos servicios, más allá una alfombra todavía en buen servicio. >>No se podría seguir sin cambiar estos objetos y, en vez de adornar las paredes y el suelo, vestir a muchos chicos pobres, que sufren y que también son miembros de Jesucristo y templos de Dios? Veo allí relucir la plata, el oro y adornos cuajados de brillantes. -Pero son un recuerdo... ->>Esperáis que vengan los ladrones a robároslo? Vosotros no los utilizáis, ni los necesitáis. Tomad esos objetos, vendedlos y dad el importe a los pobres: vosotros los dais a Jesucristo y adquirís una corona en el cielo. De este modo, no desequilibráis vuestra fortuna, ni os quitáis lo necesario. ->>Y aquella cajita tan bien cerrada? -No es nada. ->>No es nada? Dejadme verla. íHola! Aquí hay unos miles de napoleones de oro. 1 Boletín de mayo, 1882. (**Es15.454**))
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