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((**Es15.207**) corazones; nos convencen cada vez más de que el Señor se complace en sus obras y nos sirven de consuelo, como consolaban a Santa Teresa, que se dolía cuando no la combatían y perseguían>>. En distintas ocasiones hemos mencionado unos folletos y sus correspondientes controversias; ha llegado el momento de hablar sobre ellos por extenso, porque esta cuestión se entrelaza con las anteriores. En 1878 apareció en Turín, editado por la tipografía Bruno, un librito titulado Aguinaldo para el Clero, o sea, Revista sobre el Calendario Litúrgico de la Archidiócesis de Turín para el año 1878, escrita por un Capellán. Al año siguiente, publicó la misma imprenta otro librito con el título de El Arzobispo de Turín, don Bosco y don Oddenino, o sea, Sucesos graciosos, serios y dolorosos, contados por uno de Chieri, el cual se firma al final del prólogo Un padre de familia. Sobre estas dos publicaciones, no tenemos nada más que añadir a cuanto ya dijimos anteriormente. Una vez que se comenzó, se continuó, puesto que materia no faltaba. El mismo año 1879 y siempre en Turín, pero editado por la imprenta Fina, apareció un tercer librito titulado Pequeño ensayo de las doctrinas de Monseñor Gastaldi, Arzobispo de ((**It15.229**)) Turín; autor, El Capellán. Tenía una larga introducción, en la que, con estilo jocoso, criticaba algunos sucesos arzobispales y, después de enumerar a los mejores sacerdotes perseguidos por monseñor Gastaldi, ponía por último <>. La mayor parte del libro se dedicaba a refutar, con doctrina sólida y rica erudición, veinticuatro teorías, sacadas de varias publicaciones de Su Excelencia. Seguían cuatro Apéndices, con el mismo estilo de la Introducción. El primero hacía referencia a ciertas tendencias liberales profesadas por Gastaldi, cuando aún no era más que canónigo. El segundo narraba cómo terminó, por obra de Monseñor, la Residencia Sacerdotal, aportando una larga cita del Boletín Salesiano, con la historia del famoso Instituto 1, y aquí recordaba el anónimo autor que don Bosco estuvo en la Residencia Sacerdotal, donde fue discípulo de don José Cafasso, y que, en varias ocasiones, se le oyó decir: -Si he conseguido hacer algún bien, se lo debo a don José Cafasso, en cuyas manos puse mi decisión, mis estudios y todas las acciones de mi vida. 1 Número de enero de 1879, pág. 7. (**Es15.207**))
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