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((**Es15.145**) El Siervo de Dios convocó, según costumbre, en Tor de'Specchi, a los Cooperadores romanos, la tarde del 12 de mayo. El periódico L'Aurora, del día 13, daba relación de la conferencia y hacía notar que don Bosco tenía aspecto del cansado, y que su palabra era pausada. Asistía el Cardenal Alimonda. El mismo periódico resume así su conferencia: Después de anunciar que el Sumo Pontífice enviaba una bendición especial a todos los Señores que asistían a la reunión, dijo que hablaría de la obra de los Salesianos en general y, después, de la iglesia del Sagrado Corazón. Las casas de los Salesianos, desde el año anterior, habían aumentado. Las misiones de la Patagonia prosperaban. Se habían consolidado y aumentado las fundaciones de Nizza, Ventimiglia, La Spezia, Lucca, Florencia; donde los nuevos centros fundados prosperaban junto a instituciones similares, abiertas por los protestantes, y lograban paralizar sus perniciosos efectos y arrebatar almas al reino de Satanás. Juventud y porvenir son una misma cosa, según frase de Dupanloup, y se puede augurar a Italia un porvenir sereno, si esta obra benéfica de educar y salvar a la juventud, mediante la ayuda de los Cooperadores Salesianos, toma nuevo incremento. Y, pasando a hablar de la iglesia del Sagrado Corazón, dijo que había sido un acertado proyecto levantar sobre la colina del Esquilino, consagrada otrora a las deidades de los gentiles, un templo a la divina Clemencia, esto es, al Sagrado Corazón de Jesús. Y, así como un día estuvieron allí las excubiae, o centinelas, convenía que surgiese un establecimiento donde se educaran los centinelas, destinados a velar por la salvación de las almas. El egregio Padre Maresca había comenzado las obras con celo. Y los Salesianos las continuarían. Hasta sesenta y seis centros protestantes, salones, escuelas y grandiosos hospicios estaban haciendo en Roma labor de captación de las almas, disputándoselas a la fe católica, siendo muchos los que, deslumbrados por la promesa de trabajo y fáciles concesiones, se han dejado seducir. Convenía poner una valla a dicha propaganda y recoger a estos jóvenes sin padres, sin protectores, sin pan, de cualquier parte de Italia que sean; y, por tanto, se debía levantar, junto a la iglesia del Sagrado Corazón, un asilo donde albergar y educar por lo menos a quinientos muchachos. Con este fin, acudía a la caridad de los Romanos, que, si hasta entonces habían sido generosos y le habían ayudado a hacer el bien en otras ciudades de Italia, hoy deberían tenderle la mano para que no se echara de ver en Roma que los protestantes despliegan con solicitud energías y tesoros para el triunfo de la herejía, mientras los Romanos se muestran desidiosos e impotentes para el triunfo de la fe. Terminó diciendo que para ((**It15.158**)) alentarlos a esta caridad, el Eminentísimo Cardenal Alimonda había aceptado amablemente la invitación de dirigirles la palabra y que él se consideraba feliz, al ver que el elocuente Purpurado trataba la causa de los Salesianos. El Cardenal Alimonda, al hablar de los Salesianos, expresó el siguiente juicio: <(**Es15.145**))
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