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((**Es14.260**) a los ojos de los lectores el verdadero autor de tanto ardor belicoso. <>. Contra esta oratoria moralista a lo Catón, ofreciósele a su antagonista una buena ocasión para descargar un golpe maestro. La Cronaca había tomado, en un artículo anterior, la actitud de quien se dispone a derribar un dragón, que no tardaría en aparecer. El Corriere del 23 de noviembre escribía: <>. Efectivamente, el director de la Cronaca había sido alumno interno en el colegio de Lanzo y de Varazze. Arrastrado por la política y caído en poder de las sectas, se mostró iconoclasta, hasta aproximarse el ocaso de su vida. Herido, pues, por el articulito ((**It14.300**)) del Corriere, intentó poner remedio con una carta, cuya publicación impuso por ley y en la que decía haber sido ciertamente alumno de don Bosco en los mencionados colegios <>, pero haber también abonado en ellas <>. Verdaderamente un poco de gratitud hubiera sido una paga mucho mejor; pero permitió la Providencia que don Bosco probara la amargura de sufrir semejantes vejámenes por iniciativa de uno de sus antiguos alumnos 1. Y sirva esto de consuelo a los educadores, que no saben resignarse ante la ingratitud de alguno de los que recibieron de 1 Giustina, en el ocaso de su vida, reconoció sus yerros. Por otra parte, había profesado siempre gran aprecio de su profesor don Pedro Guidazio. Recordaba con gusto a otros superiores suyos; en efecto, cuando se enteraba de que monseñor Costamagna o monseñor Fagnano estaban en Turín, iba a visitarlos. Le cerró los ojos don Juan Bautista Lemoyne. Es verdad que fue incinerado; pero la cosa sucedió involuntariamente, porque él olvidó retirar su nombre de la sociedad de cremación. (**Es14.260**))
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