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((**Es14.119**) La casa de Auteuil presenta demasiadas dificultades para nosotros; por tanto, siguiendo su consejo, me desentiendo definitivamente. Me hacen otras proposiciones desde París, mas ahora no me comprometo a nada. La Navarre y Saint-Cyr son en este momento objeto de organización. Sin embargo, para ir a Saint-Cyr, no tenemos todavía documento alguno en nuestras manos; esto sería necesario para entrar en posesión. Con todo, la próxima semana irán allá algunos de nuestros ((**It14.130**)) sacerdotes para ponerse en condiciones de examinar y comenzar lo más urgente. Si tuviere ocasión de hablar con los señores de la Sociedad Beaujour, haga el favor de decirles que el sábado haremos oraciones especiales ante el altar de María Auxiliadora para que el Señor les conserve a todos ellos y sus familias en buena salud. Le envío los saludos de todos los salesianos, pido a Dios que le conserve bien y usted encomiéndeme al Señor, mientras con el mayor gusto puedo profesarme con verdadera estimación y afecto Turín, 20 de mayo de 1879 Afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro. Para la primera de las dos conferencias, que mencionamos hace poco, se reunieron los Cooperadores Salesianos; no acudieron muchos, por cierto; unos cuarenta entre todos, a causa del mal tiempo. El discurso de don Bosco se desarrolló sobre un esquema, en substancia el mismo de siempre, a saber, las nuevas fundaciones del año en Italia, en Francia y en América, la parte que en ellas habían tenido los Cooperadores y la invitación a seguir cooperando. Recomendó especialmente el colegio y la iglesia de San Juan Evangelista, cuyo benéfico fin explicó. El día de la Ascensión hubo la abjuración de un valdense. El jovencito Coucourda había sido internado por sus padres católicos en un instituto valdense junto a Ventimiglia. Era un chico de entendimiento despejado, que adelantaba en los estudios muy rápidamente y bebía, a la par de la cultura profana el veneno de la herejía, hasta el punto de que los ministros protestantes esperaban de él grandes cosas. Pero él, llevado por su innata reflexión, comenzó, con el correr de los años, a tener grandes dudas, nacidas y alimentadas con tantas invectivas e injurias, como habitualmente se oían allí contra la Iglesia católica y contra la Madre de Dios. Un día, encontrándose de charla con el director, su esposa y algunos profesores y compañeros, salió la conversación sobre la virginidad de Nuestra Señora. Dejó que hablaran un rato; pero finalmente observó: -Vosotros sostenéis que María no fue virgen; entonces >>por qué en el símbolo de los Apóstoles nos hacéis decir que Jesucristo nació de María Virgen? (**Es14.119**))
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