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((**Es13.363**) tendréis comodidad para pensar seriamente en las cosas que os atañen personalmente y atender a ellas únicamente. Verdaderamente sé que muchos de vosotros no necesitarían los ejercicios, porque ya son bastante buenos, más aún, diría que la mayor parte, especialmente los estudiantes, satisfacen las esperanzas de los superiores, porque son verdaderos cristianos, digo verdaderos; algunos lo son porque ya recibieron el santo bautismo, pero no. han correspondido con las obras al excelso carácter de hijos de Dios, otros son cristianos, porque observan la ley de Jesucristo y son unos jóvenes como deben ser. Estos últimos verdaderamente no necesitan los ejercicios, pero tampoco les harán ningún daño. Todos deben esforzarse por adelantar en el camino que han emprendido y por resistir al enemigo de nuestras almas, que en este tiempo hace sus mayores esfuerzos por combatirnos. Pero, en medio de tantos buenos, hay algunos que, antes de los ejercicios, estaban a punto de ser enviados a vacaciones forzosas... y en estos días tuve en mis manos una lista con los nombres de ciertos sujetos, que aún la tengo arriba en mi habitación. Los leí, he observado los motivos y eran razonables. Pertenecen a cursos inferiores y superiores. Basta... he ido prorrogando día a día el tomar esta desagradable medida y hemos llegado a los ejercicios: después he pensado que, si éstos no hacían los ejercicios espirituales en el Oratorio, ya no tendrían ocasión de hacerlos y de pensar seriamente en su alma. Por eso, he tomado la lista, la he colocado a los pies del crucifijo y de la Virgen, y se los he recomendado a El. Que se cumpla su santa voluntad, si les toca el corazón, bien, será una gran fortuna. Estos están aquí oyéndome, yo no los nombraré, ni tampoco los mandaré llamar, pero cada uno puede saber si está en esta lista. Las causas de mi disgusto son: la mala conducta, las conversaciones malas, las lecturas malas y la propaganda de libros malos. Esta tarde he tenido que quemar una buena cantidad de libros, que si hubiesen llegado a manos de otros compañeros, podrían haber causado mucho daño. íNo quiero que, por culpa de algunas hierbas malas, tenga que estropearse todo el sembrado! Los que han hecho estas cosas y me oyen, piensen que hablamos de ellos. Los ejercicios son especialmente para ellos: a cambiar de conducta y, así al menos, no obligarían a los superiores a hacerles interrumpir el curso. Porque don Bosco, y al decir don Bosco quiero decir todos los demás superiores, cuando acepta a un muchacho, quiere hacerle todo el bien posible, y desea ((**It13.421**)) que todos sigan con él hasta el término de sus estudios: y, por eso, sólo cuando se ve obligado, despacha a alguno del Oratorio. No son muchos los que merecerían ser expulsados: quince o dieciséis en total, que sobre setecientos u ochocientos que estamos aquí, no es mucho. Veremos ahora si recapacitan, si dan muestras de arrepentimiento, si mejoran su conducta, si será necesario enviarlos a otra parte o dejarlos con nosotros. Hay, además, unos pocos, poquísimos, que se quejan continuamente y difunden el malestar entre los compañeros, diciendo: -íNo podemos leer un libro de nuestro gusto, sin encontrarnos en seguida con quien nos interrumpa aquella lectura, ísiempre los ojos de los superiores sobre nosotros en todas partes! Y otras cosas por el estilo. íPiensan poco los pobres! Vuestros asistentes serían unos crueles si no obrasen así, ése es su deber, eso requiere vuestro bien. Los asistentes tendrían muchas otras cosas que atender si se limitasen sólo a su interés personal, podrían quedar tranquilos si la asistencia no fuese su preciso deber. Si hacen esto, es para impedir el mal, y esto redunda en vuestro bien. Los asistentes tendrán, además, (**Es13.363**))
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