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((**Es13.330**) yo, ni la Congregación Salesiana, quieren cargar con responsabilidad alguna. Me duele mucho dar nueva publicidad que parece provocará nuevos impresos. Sin embargo, obedezco e imprimiré lo que se diga que es erróneo y que, por consiguiente, se debe desdecir y condenar. Le aseguro también que nunca he tenido ni tengo animosidad alguna hacia V. S. y que considero una gloria para mí poderme profesar de V. E. Rvma. Turín, 12 de diciembre de 1877. Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro. El Arzobispo ya no contestó. Pero, el día 12, por la tarde, el canónigo Chiaverotti pidió que fueran a la Curia los dos clérigos Amerio y Bonora, les presentó la carta del así llamado Cooperador Salesiano y quiso que firmaran la fórmula añadida a ella, de puño y letra de Monseñor: <>. Una de dos, o firmar o renunciar a recibir las órdenes. Los dos clérigos, que no sólo no habían leído la carta, sino que ni habían oído hablar de ella, quedaron atónitos y pidieron leerla. Pasmados con aquella lectura, respondieron que no sabían nada de nada y que, antes de hacer declaraciones, tenían el deber de hablar con el propio Superior, dispuestos a hacer lo que él dijese. Con su negativa arriesgaron su ordenación, pero, entre el decir y el hacer había de por medio motivos de prudencia por parte del Ordinario. ((**It13.381**)) Muchos lectores podrán creer una ignorancia afectada la de los dos clérigos, y les parecerá imposible que hubiese en el Oratorio salesianos desconocedores de los últimos acontecimientos. Y, sin embargo, hemos de decir que ésa era la pura verdad; dentro de casa se desconocían realmente estas intrigas. En efecto, don José Vespignani, que mantenía continuos contactos con los superiores de la casa, lo mismo que una gran mayoría de los hermanos, en los despachos, en la mesa y durante los recreos, tuvo tan poco conocimiento del caso que, interrogado por nosotros sobre el asunto de don Juan Perenchio y de las misas y sobre la suspensión de don José Lazzero, nos aseguró, con su extrañeza y la nuestra, que era la primera vez que oía hablar de ello. Esto procedía de la extremada reserva de don Bosco y del absoluto dominio que tenía de sí mismo 1. 1 Uno de los que recibieron por correo la carta anónima que don Francisco Giacomelli. Se dio prisa por llevarla a don Bosco desaprobándola; también la desaprobó el Beato y a un fulano, que quería defenderla, le impuso silencio (Positio super virt. Summ., n.° v, & 496). (**Es13.330**))
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