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((**Es13.221**) el día prescrito, y de allí salieron con dirección a Lanzo, sede de los trabajos. Aquí se juntaron, a la puesta del sol, en la capilla del colegio, y don Bosco entonó el Veni Creator. Acabado el himno y leídos los artículos 3.°, 4.° y 5.°, del capítulo sexto, de las Reglas, el Beato dirigió a los capitulares unas breves palabras: Ahora damos comienzo a nuestro primer Capítulo General, que declaro abierto y convocado desde este momento. Emprendemos una obra de la mayor importancia para nuestra Congregación. Se trata de una manera especial de estudiar nuestras Reglas y ver qué es lo que se puede establecer para reducirlas uniformemente a la práctica en todas las casas que hay al presente y en las que la divina Providencia disponga que se puedan abrir en el futuro. Todos tenéis en vuestras manos el esquema preventivo impreso para el caso; ya habéis anotado y habéis recibido y estáis encargados de recibir todas las observaciones que cada uno de los miembros de la Congregación puede haber ((**It13.251**)) hecho en él para proponerlas al Capítulo. No queda más que reunirnos en el nombre del Señor y tratar las cosas que se propongan. Dice el Salvador en el santo Evangelio que donde están dos o tres congregados en su nombre, allí se encuentra él mismo en medio de ellos. En estas reuniones no tenemos otro fin que la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas redimidas con la preciosa Sangre de Jesucristo. Podemos, pues, estar seguros de que el Señor se encontrará en medio de nosotros y guiará las cosas de manera que todas redunden a su mayor gloria. Queremos en este momento poner el Capítulo bajo la protección especial de María Santísima: Ella es Auxiliadora de los Cristianos y nada le interesa más que ayudar a los que no sólo tratan de amar y servir a su Divino Hijo, sino que se reúnen expresamente para determinar la manera práctica de alcanzar el mismo fin también en el mayor número posible de hombres. María es luz de los ciegos; pidámosle que se digne iluminar muy de veras nuestras débiles inteligencias durante todo el tiempo de estas reuniones. San Francisco de Sales, que es nuestro titular, presidirá nuestras reuniones y esperamos que nos obtenga de Dios la necesaria ayuda para tomar las determinaciones que sean según su espíritu. Lo que más he de recomendaros y es necesario que se guarde en absoluto, es el secreto severo de todo lo que se trate en estas conferencias hasta que estén concluidas y llegue el tiempo de darles publicidad. Entonces se imprimirán las decisiones tomadas y se enviarán para ser confirmadas a la Santa Sede, infalible maestra en estas cosas, y después serán publicadas. Es mi gran deseo que se proceda despacio y bien. Puesto que estamos aquí para esto, dejemos todo otro pensamiento y atendamos a ello seriamente. Si no bastan unos pocos días, emplearemos más, dedicaremos todo el tiempo necesario; pero que al fin resulte una cosa completa. Invoquemos ahora la protección de María Santísima con el canto del Ave maris stella y se dará la bendición con el Santísimo Sacramento; después iremos a la sala del Capítulo para dar comienzo a nuestras conferencias. (**Es13.221**))
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