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((**Es12.447**) rumbo a Marsella. Apenas entró en casa, don Bosco escribió a don Miguel Rúa: Carísimo Rúa: Entrega el dinero en oro a Rossi, que lo llevará para el viaje a Burdeos; los otros están a bordo, donde he almorzado con ellos. Están resignados; unas lágrimas y después alegres; saldrán a las dos de Génova. Envían un afectuoso saludo a todos sus hermanos y amigos del Oratorio. Escribirán desde Marsella. Yo estaré en Turín el viernes, si Dominus dederit, e iré a comer en casa del profesor Vallauri 1. Avísale y, si puedes, ve tú también. Todo para mayor gloria de Dios. Amén. Sampierdarena, 14-11-1876. Afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro. Viajaban con los misioneros cinco pasajeros de primera clase, veintidós de segunda y setecientos de tercera, de los cuales cuatrocientos eran napolitanos; más tarde subieron otros en Marsella y en Barcelona, de suerte que para la gran travesía se contaban a bordo treinta pasajeros de primera clase, cuarenta y dos de segunda y mil cien de tercera. Los nuestros gozaban de plena libertad para celebrar, confesar, predicar, dar catequesis, y la aprovecharon ampliamente y sin poner dificultad; pues, explorado el ambiente, se repartieron los clientes y pusieron con celo manos a la obra del apostolado. En particular los coadjutores llamaban la atención de los profanos, muchos de los cuales comenzaron poco a poco a imitarlos en las prácticas religiosas. El grupo de Montevideo tuvo que embarcarse en Burdeos, porque los pasajes, que les había concedido Uruguay, habían sido contratados con la Compañía del Pacífico, cuyas oficinas centrales ((**It12.528**)) se encontraban en aquel puerto 2. Don Bosco los acompañó a la estación en Sampierdarena el día 16 por la mañana y, mientras se esperaba la llegada del tren, esforzándose por mostrarse alegre y jovial, conversaba amablemente con ellos, les daba avisos oportunos y por último los bendijo cordialmente. Fue una escena conmovedora verlos arrodillados en la sala de espera, con los ojos arrasados de lágrimas. Besaron su mano, separáronse de su lado y, apenas tuvieron tiempo para ocupar su plaza, cuando el tren se ponía en marcha. Pernoctaron en Niza y siguieron viaje al día siguiente 3. 1 Véase más arriba, pág. 354. 2 Cfr. Volumen XI, Apéndice, doc. 24. 3 También esta vez hubo algunos que, por razón del servicio militar, no podían sacar pasaporte. (**Es12.447**))
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