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((**Es12.415**) más las proposiciones de los de Ariccia, formuladas por el Príncipe Chigi de Campamagnano, y haré de modo que el próximo curso escolar estén instalados los maestros en su puesto. Para secundar, pues, los siempre venerados deseos del Padre Santo, hoy mismo he escrito afirmativamente al señor Cardenal Di Pietro respecto al bachillerato de Albano. Se requerirían sólo dos profesores titulados, teniendo en cuenta el reducido número de alumnos, pero, dado el carácter de aquellas escuelas de bachillerato público, es necesario añadir no menos de cuatro profesores, para evitar el peligro de gravámenes, que debemos procurar evitar; éste es el sentido del proyecto, que hoy mismo he enviado al Eminentísimo Cardenal Di Pietro. Estos mis salesianos, al marchar al lugar establecido, van a Roma con el ardoroso deseo de poder recibir la bendición del Padre Santo antes de empezar el curso escolar, y también hacer una breve visita a V. E. como legítimo testimonio de respeto y gran aprecio. Y ya que Vuestra Excelencia se muestra tan benévolo con nosotros, ruégole también suplique al Padre Santo tenga a bien enviar su apostólica bendición a todos los salesianos y especialmente a las tres casas que se abrirán en el próximo septiembre: una en la ciudad de Trinit… en Mondoví, otra en Lanzo y la tercera en Biella.Dispense por último la confianza con que he escrito, asegurándole que elevaremos oraciones a Dios por su preciosa salud, mientras me cabe el alto honor de poderme profesar De V. E. Rvma. Turín, 26 de agosto de 1876. JUAN BOSCO, Pbro. ((**It12.489**)) Otro Obispo suburbicario, el cardenal Luis Bilio, barnabita piamontés, quiso que don Bosco le proporcionase dos profesores salesianos para el seminario de Magliano, en su diócesis de Sabina. Los seminaristas eran muy pocos, y esperaba el Cardenal que la presencia de los salesianos atraería mayor número. Don Bosco difirió la respuesta; por fin, se cargó también con este sacrificio de personal, sabedor de que podía contar con el celo de los hermanos, a los que nunca parecía demasiado cuando se trataba de trabajar. En la elección del personal para las tres nuevas residencias el hombre conocedor del mundo hizo presente a los Capitulares que, en ciertas partes de Italia, se miraba mucho a las cualidades exteriores de la persona, de suerte que una buena presencia era ya allí una valiosa recomendación. Sin embargo, no dio exagerada importancia a esta consideración secundaria, que, en efecto, no le impidió enviar allá también en los años sucesivos a alguno de los imberbes jovencitos por él formados y capaces de dominar masas juveniles no sólo en los oratorios festivos, sino también en las escuelas. Uno de ellos fue el clérigo Picollo. Cuando don Bosco lo envió a Ariccia en 1878, tenía (**Es12.415**))
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