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((**Es12.407**) por la filoxera arruina toda una viña. Después, de una viña se extiende a las más próximas y de éstas a otras, de forma que de una región pasa a una provincia y de ésta a un reino y así sucesivamente. >>Quieres saber, pues, la única manera que hay para cortar el mal en su principio? Apenas aparece la filoxera sobre una planta, hay que arrancarla con precaución y cortar todas las que la rodean y arrojarlas a las llamas. Si la infección fuese general en toda la viña, hay que arrancar todas las plantas y reducirlas a cenizas para salvar las viñas próximas. Sólo el fuego puede acabar con semejante enfermedad. Por eso, cuando en una casa se manifieste la filoxera de la oposición a la voluntad de los superiores, el descuido altanero de las santas ((**It12.479**)) Reglas, el desprecio a las obligaciones impuestas por la vida común, tú no debes contemporizar; no dejes ni siquiera los cimientos de aquella casa; rechaza a sus miembros, sin dejarte vencer por una perniciosa tolerancia. Lo mismo harás con los individuos. A veces te parecerá que un individuo aislado pueda sanar y volver de nuevo al buen sendero; o tal vez sentirás castigarlo por el amor que le profesas, por alguna especial habilidad que posee o por su ciencia que te parece prestigiar a la Congregación. No te dejes llevar por semejantes reflexiones. Personas de esta índole, difícilmente cambiarán de manera de ser. No digo que su conversión sea imposible; pero me atrevo a sostener que es muy rara una rectificación, tan rara que esta posibilidad no debe ser suficiente para inclinar a los superiores a una sentencia benigna. Algunos, se dirá, se portarán aún peor en medio del mundo. Allá ellos; que carguen con el peso de su manera de proceder, pero que no sea tu Congregación la que sufra las consecuencias de su conducta. ->>Y si en realidad, conservándolos en la Sociedad, se pudiese atraerlos al bien con la tolerancia? -Esta suposición es falsa. Es mejor despedir a uno de estos soberbios que retenerlo con la duda de que pueda continuar sembrando cizaña en la viña del Señor. No olvides esta máxima; ponla decididamente en práctica siempre que sea necesario; habla de esto a tus directores en tus conferencias y que éste sea el tema que comentes en la clausura de los ejercicios. -Sí, lo haré. Gracias por tus avisos. Pero ahora, dime: >>quién eres tú: ->>No me conoces ya? >>No recuerdas cuántas veces nos hemos visto: Mientras el desconocido hablaba de esta manera, todos los presentes sonreían. Entretanto sonó la señal para levantarse y don Bosco se despertó. (**Es12.407**))
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