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((**Es12.207**) que cuando se vio libre ya no podía más y hasta hablaba con dificultad; pero caminaba tranquilo y sereno. Quien le observó de cerca en aquellos días no pudo contener la admiración al ver cómo sabía tomar parte en todas las conversaciones, mantenerlas vivas y animadas y, lo que más cuenta, encaminar a buena parte, hasta temas frívolos, como maestro que era en el arte de encauzar a su gusto cualquier conversación. Sus narraciones parecían espontáneas y surgidas por las palabras de los otros, cuando, por el contrario, eran intencionadas expresamente para encarnar las ideas, que él deseaba grabar profundamente en el ánimo de los oyentes. Nadie se daba cuenta de este su arte, que recordaba al antiguo prestidigitador, que poseía el secreto de atraer y dominar los espíritus para producir en ellos efectos saludables. Pero no discurrió sin nubes la solemne jornada. En las funciones de la mañana había celebrado el ya nombrado monseñor Masnini. Se había invitado al Arzobispo y no aceptó; se le pidió permiso para invitar a algún otro Obispo y no lo concedió. Pero el pueblo, que nada supo ((**It12.237**)) ni pudo sospechar, no advirtió la ausencia de un Obispo, porque el celebrante, vistiendo el hábito morado y haciendo uso de la palmatoria, cándidamente fue tenido por obispo. Pero la cosa no salió bien librada; en efecto, llegó al punto la fulmínea prohibición de que se repitiera aquella intervención del prelado en las vísperas. Y al día siguiente llegó una carta dirigida al <>, en la que se decía: <>. Para decir todo lo que se refiere a este litigio, debemos añadir todavía que monseñor Santos Masnini, por deferencia a la autoridad, (**Es12.207**))
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