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((**Es12.127**) Además de la platiquita de ocasión, hubo cantos, piezas de música y declamación de poesías. El día de la solemnidad se cantó una misa, compuesta para la ocasión y dedicada a don Bosco por el principiante Juan Pelazza, antiguo alumno del Oratorio. La ejecución fue estupenda. Para la bendición eucarística de la tarde la escolanía interpretó el primer Tantum ergo del joven maestro José Dogliani, que fue muy alabado por los entendidos. Es fácil comprender cuánto interesaban a todos, maestros, cantores y oyentes estas piezas de música, digámoslo así, domésticas. Al atardecer se celebró la consabida velada: ante un altar iluminado con profusión y presidido por la estatua de san José, se reunieron los aprendices, los alumnos de las escuelas nocturnas y los Superiores. Aquel año se celebró también en esta fiesta el día onomástico de don José Lazzero, director de los aprendices, como entonces se llamaba a su catequista, y más tarde vicedirector del Oratorio, en lugar de don Miguel Rúa. Para separar la parte religiosa de la otra, se corrió un telón, que ocultó el altar y la imagen, y en el cual apareció escrito: Vivan los padres Lazzero, Bologna, Bertello, los señores Buzzetti, Dogliani, y todos los José. En la presidencia se sentaron los representantes de las escuelas nocturnas y de los talleres, como loa al Santo y homenaje al Superior. Sin duda que la preparación de todo ello costó trabajo, pero los frutos lo compensaron con creces. Basta leer los comentarios del buen cronista: <>. Para comprender bien la última observación, hay que recordar que don Bosco aceptaba entre los aprendices a muchos pobres ((**It12.141**)) muchachos de la calle, abandonados de todos, entregados por la Policía. No hacía falta más para dejar un memorable recuerdo de la jornada; pero don Bosco supo poner broche de oro a la fiesta. Solía don Miguel Rúa dar en este día una conferencia a los socios profesos del Oratorio; pero estaba aquellos días de viaje por los colegios para presidir los exámenes semestrales de teología de los clérigos. Así que, don Bosco aceptó la invitación de dar él la conferencia, después de la cena, en la (**Es12.127**))
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