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((**Es11.354**) perdóneme, acepte la buena voluntad y tenga presente que estoy a mil leguas de poseer el espíritu de don Bosco>> 1. Aconsejaban a don Bosco que hiciera pagar una módica cuota a los muchachos que acudieran a las escuelas, si sus padres podían pagar algo; pero él respondió que su intención era que fueran totalmente gratuitas. También le aconsejaron que abriera un comedor para no obligar a los que vivían lejos a ir y venir dos veces al día al colegio; y él declaró que no veía ninguna dificultad en ello, pero que ya se resolvería la cuestión sobre la marcha. Se empezó, pues, por arrendar una casa, a la espera de algo mejor donde poder principiar la obra. Un almacén de la planta baja, arreglado y limpio, se convertiría en capilla. En las dependencias de la parte derecha y en la primera planta se organizarían dos clases para los niños, y en las de la izquierda harían otro tanto las hermanas para las niñas. Los trabajos de adaptación se efectuaron bajo las instrucciones que don Angel Savio mandaba desde Alassio, el cual hizo una visita a su debido tiempo para dar las disposiciones definitivas. En la octava de Navidad todo estaba a punto. Había que pensar en el personal. El Beato tenía la intención de empezar mandando unas hermanas desde Mornese, para lo cual ya se había puesto de acuerdo con la Superiora, y un sacerdote con un par de clérigos. Las hermanas y los salesianos empezarían por las clases elementales, las nocturnas y el oratorio festivo. El sacerdote quedaría libre de clases para poder atender a la dirección de todo, predicar a las monjas y en el oratorio de los muchachos ((**It11.418**)) y confesar a los jóvenes y a todos. Pero aquellos vecinos requerían un sacerdote que manejara bien la teología y fuera ponderado y prudente. El Beato puso sus ojos en don Nicolás Cibrario, director, como entonces se decía, de la iglesia de María Auxiliadora y confesor muy apreciado por su doctrina. Se había acabado el año, tocaba a su fin el primer mes de 1876 y don Bosco no había determinado todavía qué personas irían, ni la fecha del comienzo, cuando el Obispo le apremiaba y proponía la apertura de la capilla para el día de la Purificación. Don Bosco abrevió las cosas, fijó la partida para el 10 de febrero, dio a don Nicolás Cibrario las órdenes oportunas y le asignó por compañero un clérigo, llamado César Cerruti, que era simple novicio, para atender a las clases. Por aquellos tiempos se repetían, aunque de otra forma, las 1 Carta a don Bosco desde Ventimiglia, 11 de enero de 1875 (sic). (**Es11.354**))
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