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((**Es11.263**) dos en el Oratorio y usted manda a tres a otros colegios. Ahora, es verdad, se ordenarán once; pero, entre tanto, se abre una casa en América y un hospicio para comenzar la Obra de María Auxiliadora. Y después, de esos once, quién por un motivo, quién por otro, resulta que cuatro, seis y quizá ocho retardarán su ordenación, y buenas noches: nos quedamos tan a oscuras y más que antes. -No, no. Salvo que en Roma no nos concedan las extra tempus que he pedido; pero no hay que suponerlo, porque hasta ahora se nos ha concedido todo lo ((**It11.307**)) pedido. Apenas lleguen las extra tempus, el primer domingo se ordenarán de menores, el segundo de subdiáconos, el tercero de diáconos y el cuarto de misa. -Y éstos ocuparán el puesto de otros; pero se necesitarán otros para ocupar los puestos de éstos. -íAh! Me temo que mientras exista el Oratorio siempre será lo mismo; un trabajo empuja a otro y el segundo es empujado por un tercero; y cuando uno no lleva dos trabajos entre manos, llevará tres, y así estaremos siempre alegres. -íBueno, bueno! Ahora el que tiene que pensar en ello, que lo piense; yo me voy a América y veremos si allá cambian las cosas un poco. Estaban presentes tres sacerdotes, que no se escandalizaban, ni mucho menos, por la franqueza de Cagliero, hija de su gran familiaridad con don Bosco. El irá a América, sí, pero no como un fugitivo. Los once ordenandos ya nos son conocidos. Pese a todas las contrariedades, el catálogo de 1876 nos da noticias de ocho sacerdotes, dos diáconos y un subdiácono. Mientras Dios nos conceda vida para llevar adelante estas Memorias Biográficas, procuraremos que no se nos pierda ninguna de las sabias directrices dadas por don Bosco a sus sacerdotes para el ejercicio del sagrado ministerio. íQué tesoro tan abundante tendríamos ante nosotros, de no habérsenos mostrado tan avaro el tiempo! Pero recojamos, mientras tanto, las migajas. Entre los poquísimos profesos entrados en la Congregación, ordenados ya sacerdotes, sobresalía singularmente don Luis Guanella. Siendo director del Oratorio de San Luis diole un día don Bosco estas normas prácticas para la predicación: -Si quieres agradar y hacer el bien cuando predicas a los muchachos, es preciso que pongas ejemplos, parábolas y comparaciones, pero lo más importante es que las expongas y desarrolles con todos sus detalles, hasta en las más nimias circunstancias. Entonces los muchachos se interesan y esperan con ansias el final del relato. (**Es11.263**))
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