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((**Es10.998**) él podrá algún día gozar de estas compañías, ser tratado con distinción y gozar de grandes banquetes. Nuestro fin es salvarnos a nosotros y a las almas de los demás. íQué noble fin! Jesucristo, el Hijo de Dios, sólo vino a esta tierra para ((**It10.1086**)) facere salvum quod perierat (salvar lo que había perecido); y el mejor regalo y honor que hizo a sus apóstoles y discípulos, a quienes tanto quería, fue enviarlos a evangelizar el mundo; pero nótese que la primera vez los envió a Israel, la segunda a todo el mundo; lo cual quiere decir que debemos comenzar por lo poco, por los que están más cerca de nosotros. Y la mejor manera para salvar nuestra alma y las de los demás es comenzar por perfeccionarnos a nosotros mismos mediante el ejemplo; hacerlo todo bien, como se hacen en Ginebra los relojes, es decir, haciendo a la perfección aquella pieza, aquella incumbencia, que se nos confía en la Congregación. Puede que algún aprendiz diga: -Bien está que el fin de la Congregación sea salvar las almas; esto lo podrá hacer un cura, un predicador, pero nosotros... En ningún lugar mejor que en una Congregación se verifica la verdad de la Comunión de los Santos, en la que todo lo que uno hace redunda en provecho del otro. Efectivamente, el que predica, el que confiesa, después de cierto tiempo, necesita comer; y el docto profesor necesita vestirse, calzarse: >>cómo se las compondrían sin cocinero, sin sastre, sin zapatero? Sucede como en el cuerpo: la cabeza vale más que una pierna, el ojo más que el pie; pero, tanto uno como otro, son necesarios al cuerpo; basta que se clave una espina en el pie para que inmediatamente ojos, manos y cabeza se pongan en movimiento para aliviar al pobre pie. También aquí viene a propósito la comparación de la fábrica de relojes: todas las piezas construidas con precisión y justeza se combinan entre sí y resulta un reloj perfectísimo; verdad es que unas piezas son más delicadas y necesarias que otras; pero quitad una de las que menos aparentan, y vuestro reloj pierde su valor. ...El que, por autoridad o por talento, ocupa un puesto elevado medite en lo que decía David en el colmo de su gloria: exaltatus, humiliatus sum (exaltado, soy humillado). Cuanta más altura se alcanza, más humildad se necesita. Sucede como en la escalera de los bomberos; cuanto más arriba sube el bombero, tiene que doblarse más y agarrarse mejor a la escalera, porque si no, le acomete el vértigo y cae abajo, tanto más espantosamente cuanto mayor es la altura de donde cae. 4. De los Votos Al fin de nuestra vida Dios nos pedirá cuenta de los bienes propios, de cómo los hemos administrado, de la parte que dimos o no dimos a los pobres; pero, si ya nos hemos desprendido de ellos, podremos contestar: -Señor, hace ya mucho tiempo que os lo di a Vos, que os hice dueño de todo ello, yo no tengo ya nada que ver con eso. El Señor ha dicho: -Te privas por amor mío de poco y yo te daré mucho; lo das todo y adquieres el derecho a cuanto te he preparado en el cielo... Mirad lo que contestó Jesucristo a Pedro cuando éste le preguntó qué sería de ellos: Ecce nos reliquimus omnia... (He aquí que nosotros lo hemos dejado todo...) Cuanto más fuerte es el corte ((**It10.1087**)) que damos, más aseguramos nuestro premio; (**Es10.998**))
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