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((**Es10.979**) >>Abierta la sesión, dijo don Bosco a don Miguel Rúa que leyera los nombres de los miembros que componían el Capítulo, después de los nombres de los que componían el Capítulo del Oratorio, que antes era gobernado por el mismo Capítulo Superior. Dijo, pues, que, en adelante, el Capítulo Superior quedaría separado de la dirección de una casa en particular, y se ocuparía de todas las casas en general. Pero que, sin embargo, como no era posible substituir por miembros nuevos a los que ya componían el Capítulo de la Casa Madre y al presente eran miembros del Capítulo Superior, algunos miembros de éste todavía formaban parte del Capítulo particular del Oratorio. >>Se pasó después al informe de las diversas Casas; primero la de Borgo San Martino, la más antigua. Como faltaba su Director, no hubo muchas noticias, pero fueron suficientes; a saber, que en general todo marchaba muy bien, especialmente lo espiritual. >>Tocó después la vez a la de Lanzo. Se levantó el Director, don Juan Bautista Lemoyne, y dijo que, con gran satisfacción de su parte, todo lo espiritual y lo material marchaba bien, gracias a Dios y a la actuación de los colaboradores. Terminó su intervención recomendando la casa a las oraciones de toda la Sociedad. >>Tras él se levantó don Juan Bautista Francesia, Director de la casa de Varazze. Dijo que el año anterior había tenido que sufrir muchísimos disgustos en la dirección de aquella Casa, sobre todo en razón de dos colaboradores, que no tenían vocación eclesiástica. A pesar de todo concluyó diciendo que, gracias a Dios, el año en curso todo marchaba mejor para su satisfacción. También él acabó encomendándose a las oraciones de todos. >>A continuación habló don Francisco Cerruti, Director de la Casa de Alassio. Después de decir que todo lo escolar, moral y sanitario marchaba bien, añadió que allí crecía tanto el número de alumnos que parecía ((**It10.1065**)) amenazar ya una falta de locales. Puso fin a sus palabras con la consabida recomendación a las oraciones de todos. >>Después don Pablo Albera, Director del Oratorio de San Vicente de Paúl, en San Pier d'Arena, ponderó la extrema necesidad que había en aquella ciudad de una Casa; demostró cómo, gracias a Dios, se podía hacer en ella muchísimo bien instruyendo aquellos habitantes muy ignorantes, especialmente en las cosas de la religión. Dijo, por último, que también allí hacían todo de la mejor manera posible y que iba aumentando tanto el número de los internos que el local resultaba insuficiente. (**Es10.979**))
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