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((**Es10.643**) pasa a mí; si no le hubiese hecho Obispo, ahora habría un embrollo menos. ((**It10.707**)) -Nunca supe hasta ahora que fuera contrario a las corporaciones religiosas. -Es verdad que hay algún defecto; arréglese lo que necesita arreglo, pero que no se destruya. Y añadió Monseñor: -Habría que corregirle. -Ya se ha hecho; el Padre Santo le ha corregido. El suspendía a diestro y siniestro, por verdaderas naderías, y ahora sigue haciendo lo mismo en Turín. Mire, nos obliga a llevar a la revisión eclesiástica aritméticas, almanaques, etc.; los tiene allí parados y nos vemos obligados a suspender los trabajos. -íOh, esto me extraña! Ya observé en el Concilio que el día de la sesión vestía una sotana algo más larga que de costumbre y esto me dio que pensar. Hay el peligro de que esta clase de individuos pasen al Jansenismo. íCuánto lo siento! Recuerdo todavía cuando usted me hacía observar los Obispos que proponía, y decía: -íEste es el más santo de todos los Obispos que he propuesto!... y era monseñor Galletti. íPero éste es el más docto de todos!... y se trataba de monseñor Gastaldi. íPobre don Bosco! íCuánto lo siento! Efectivamente, el camino que debía recorrer el Santo era todavía largo y escarpado, cubierto de guijarros y espinas. El 22 de marzo salió de Roma y el 30 entraba en el Oratorio. Don Juan Cagliero le contó esta anécdota: Durante su ausencia, había ido a hablar con el Arzobispo para combinar algunas ordenaciones y, después de un rato de conversación familiar, le dijo al Arzobispo: -A propósito, el rector, reverendo Soldati, me ha dicho que uno de vuestros sacerdotes fue al Seminario, hablando en voz alta, faltando así al respeto que se debe a los superiores, con escándalo de los seminaristas. -Perdone, Excelencia, exclamó don Juan Cagliero; no sé qué pasó; el enviado fue el padre Bologna, que tiene una voz fuerte, y también en el Oratorio habla fuerte. Nació en la montaña y no ha perdido la costumbre de vocear. -De todos modos avisádselo, pues no es cosa decorosa. ((**It10.708**))-Excele ncia, esté tranquilo. Se lo avisaré. Sin embargo, no comprendo que el reverendo Soldati, que fue compañero mío de clase, tenga que molestar a Monseñor con cosas tan baladíes. Hubiera podido decírmelo a mí; y habríamos remediado todo inconveniente. (**Es10.643**))
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