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((**Es1.48**) salía con un saco en cuyo fondo había salvado y daba un puñado a cada uno de aquellos hambrientos, algunos de los cuales lo engullían seco como estaba, regándolo con sus láqrimas. Tantas privaciones desarrollaron múltiples enfermedades que llevaron a muchos a la tumba. En las ciudades, a las puertas de los palacios y de las iglesias, por las calles y plazas, se hacinaban turbas de mendigos, sin fuerzas, semisdesnudos, atormrntados por repugnantes llagas causadas por el tifus exantemático, que mostraban con gestos de dolor para excitar la compasión y la caridad. A esto hay que añadir la inseguridad de los caminos. Manadas de lobos, procedentes de Suiza, donde se les había perseguido de manera general y encarnizada, infestaban los bosques de la Abadía de Stura, junto a Turín, y desde allí se esparcían por otras zonas, impulsados por el hambre. En medio de tantas miserias, la buena Margarita alimentó a su familia mientras tuvo con qué hacerlo; después entregó una suma de dinero a un vecino llamado Bernardo Cavallo, para que fuera en busca de víveres. Nadie en Morialdo quería vender a ningún precio los pocos alimentos que aún le quedaban. Ya no se llevaban a las ferias las vacas ni los bueyes, por falta de compradores, pues nadie había podido recoger nada de heno. Aquel amigo recorrió varios mercados y no pudo comprar nada, ni siquiera a precios exorbitantes. Regresó ((**It1.39**)) después de dos días, llegando al anochecer con la expectación que era del caso. Pero cuendo dijo que no llevaba nada, que volvía con el mismo dinero, el terror se apoderó de todos, ya que aquel día habían comido muy poco y podían temer las funestas consecuencias del hambre durante la noche. Margarita, sin perder el ánimo, se dirigió una vez más a sus vecinos para que le prestaran algo con que comer, pero no encontró quien pudiera proporcionarle ningún socorro. Reunió entonces a la familia y habló en estos términos: -Mi marido me recomendó en punto de muerte que tuviera siempre gran confianza en Dios. Vamos, pues;pongamonos de rodillas y recemos.- Después de una breve oración se levantó y dijo: -En casos extremos hay que echar mano de medios extremos.- Con la ayuda del vecino entró en el establo,mató un ternero y cociendo a prisa una parte, calmó el hambre de la extenuada familia. Para los días siguientes se proveyó de legumbres que logró hacer llegar a precios carísimos de pueblos lejanos. Es fácil imaginar lo que le tocó sufrir y trabajar a mamá Margarita en tiempo tan calamitoso. pero a costa de incesante trabajo, constante economía, gran atención y cuidado de las cosas más pequeñas (**Es1.48**))
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