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((**Es1.110**) su longitud. Juan, acostumbrado a caminar sobre la cuerda, no se intimidó, y despacito, paso a paso, llegó hasta el nido; se agachó y se lo metió en el seno. Se trataba de volver hacia atrás para alcanzar el tronco del árbol lo mismo que había ido; mas, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, dada la curvatura de la rama. Intentó dar un paso atrás, pero resbaló y quedó suspendido solamente por las manos. Con un nuevo esfuerzo se agarró también con los pies a la rama y, de esta manera, trataba de colocarse cara al suelo, extendiéndose boca abajo sobre la rama; pero el impulso que hacía, en vez de dejarle fijo en la rama, le llevaba a girar hacia la parte opuesta, de modo que volvía siempre a la primera posición. En esta situación pensaba cómo salir del apuro, pero no encontraba modo y, lo que es peor, sentía que le iban faltando fuerzas en los brazos. Los compañeros, desde abajo, temían por él, le infundían ánimos con sus gritos y le aconsejaban, cada cual a su manera, cómo podía bajar. Juan, ((**It1.117**)) de cuando en cuando, echaba una mirada hacia abajo y la altura le parecía cada vez más espantosa. Después de haber luchado durante casi un cuarto de hora, intentó por última vez, colocarse sobre la rama, pero no lo logró; al fin, falto de fuerzas, se dejó caer. Su postura era tal que debía caer de cabeza; pero, ya en el aire, se echó las manos a los pelos e hizo una sacudida tal con la cabeza que dió la vuelta y cayó derecho, pegando en tierra primero con los pies y, luego, con toda su persona, que rebotó con gran fuerza. Acudieron asustados los compañeros a su alrededor, pensando que se habría matado o, por lo menos, descoyuntado; pero vieron que se sentaba y le preguntaron ansiosamente si se había hecho daño. - Espero que no, respondió Juan. - Y los pájaros, están muertos? Nos los repartimos entre todos? - Están aquí y vivos; y se desabrochó la chaquetilla. íEstán aquí..., pero me cuestan mucho!...,íme cuestan demasiado caros! - Se dirigió hacia casa; mas, después de dar unos pasos, no pudo seguir caminando. Le dolía el estómago, le dolían las entrañas; le temblaba todo el cuerpo. Así que saco los pájaros, se los dio a sus compañeros y se despidió de ellos, para que su madre no pudiera saber lo acaecido. Pero, a cada instante, sentía ardor, desvanecimiento, y apenas sí podía caminar. Se topó con su hermano José y le dijo: - íMe parece que no estoy bien!íMe duele el estómago! - Por fin, llegó a casa y se echo en cama. La madre acudió en seguida, le preparó una manzanilla, le hizo entrar en calor y mandó llamar al médico. En la primera visita que éste le hizo, Juan no quiso (**Es1.110**))
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